jueves, 6 de junio de 2013

SONETO DEL MIRÓN de MANUEL VALDERRAMA DONAIRE


 
Camina y a su paso va dejando
un gran rastro viscoso de miradas
anhelantes y sucias, descaradas,
de las corneas viciosas rezumando.
 
Los ojos la persiguen en jauría
con un hambre caníbal, afilada,
y una sed animal recuperada
del primate que en hombre se vestía.
 
Un par de piernas largas, dos caderas,
un trasero turgente en movimiento,
un escote en relieve, rebosante, 
 
bastan para que rujan como fieras
filósofos y sabios de contento.
Siglos de involución en un instante.

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